viernes, julio 08, 2022

Asesinado a tiros el ex primer ministro japonés Shinzo Abe mientras daba un mitin en la calle

 


Lo que hasta este viernes parecía imposible que ocurriera en Japón se ha consumado. Un magnicidio. El ex primer ministro japonés Shinzo Abe ha muerto este viernes tras recibir dos disparos. Mientras hacía política a pie de calle, literalmente: estaba ofreciendo un mitin en plena acera, a la entrada de una estación de tren. Un acto muy habitual en las campañas electorales de este país, donde el control de armas se encuentra entre los más estrictos del mundo y los niveles de violencia, entre los más bajos del planeta.

Unos niveles que habían generalizado el sentimiento de seguridad ciudadana. Y que habían convertido en muy discreta la protección que reciben políticos y otras personalidades públicas en sus comparecencias ante la ciudadanía. Algo que podría cambiar a partir de ahora, una vez que el país salga de la conmoción en la que le ha sumido el magnicidio: los ataques contra políticos en el Japón democrático se cuentan con los dedos de una mano. Para encontrar una muerte violenta de un dirigente hay que retrotraerse a un intento de golpe de Estado en 1936, cuando dos antiguos primeros ministros murieron en lo que ahora es la residencia oficial del jefe de Gobierno. En todo Japón, un país de 125 millones de habitantes, solo se registraron 10 incidentes por armas de fuego en todo el año pasado, con el resultado de una muerte y cuatro personas heridas, según los datos oficiales.

El antiguo jefe del Ejecutivo japonés, que gobernó entre 2012 y septiembre de 2020 antes de dejar el poder por razones de salud, se encontraba en Nara, la antigua capital nipona, para un mitin que solo se había decidido finalmente el mismo jueves, para movilizar el voto en favor de su Partido Liberal Democrático (PLD). Apenas había comenzado a hablar en torno a las 11.30 locales (04.30, hora peninsular española) cuando se escucharon al menos dos disparos. Abe cayó al suelo con el pecho ensangrentado.



El ex primer ministro fue trasladado de inmediato al hospital de Kashihara en parada cardiorrespiratoria. “Estaba sangrando profundamente y no hemos podido salvarle la vida”, ha manifestado un médico del hospital al confirmar la muerte del exmandatario japonés. Abe había recibido profundas heridas en el cuello y el corazón, y pese a recibir transfusiones que sumaron más de un centenar de unidades de sangre en cuatro de horas, los galenos no pudieron detener la hemorragia, explicó Hidetada Fukushima, al frente del departamento de medicina de urgencias en el hospital universitario de Nara, en una rueda de prensa televisada.

La policía nipona ha informado de que ha detenido a un hombre, al que se interroga como sospechoso de intento de asesinato. Los agentes han procedido también a registrar su vivienda. El sujeto ha sido identificado como Tetsuya Yamagami, de 41 años, quien, según informa la agencia de noticias japonesa Kyodo, era un antiguo miembro de las Fuerzas de Autodefensa japonesas, el equivalente a las fuerzas armadas del país. Según NHK, el atacante disparó por la espalda en dos ocasiones contra Abe. Su arma, según esta información, era de fabricación casera. Imágenes distribuidas por los medios japoneses permiten ver lo que parecen ser dos cañones envueltos en cinta adhesiva negra.

Vídeos del momento en el que el influyente político quedó herido permiten escuchar la detonación de los dos balazos, que algunos testigos presenciales confundieron con fuegos artificiales, según explicaron a los medios nipones. También es posible ver cómo miembros del equipo de protección de Abe se abalanzan sobre Yamagami, un hombre vestido con pantalones cortos y una camiseta gris.

Según la cadena de televisión NHK, Yamagami declaró a la policía que se sentía “agraviado” por el antiguo primer ministro y que su intención había sido matarlo. No obstante, también puntualizó que las creencias políticas de Abe no habían sido su razón para dispararle.

Políticos de todas las inclinaciones han condenado el asesinato como una afrenta a la democracia. El ataque se ha producido dos días antes de unas elecciones al Senado en las que el Partido Liberal Demócrata, que Abe encabezó durante años, aspira a revalidar su amplia mayoría. “Estoy profundamente entristecido, me faltan las palabras”, ha declarado el primer ministro, Fumio Kishida, visiblemente conmovido después de que se conociera el fallecimiento de su antiguo mentor. “Hemos perdido a un gran líder que amaba el país, tenía visión de futuro y logró grandes avances en diversos campos en beneficio de esta nación”, ha agregado.

Los comicios del domingo se celebrarán como estaba previsto, confirmó Kishida. “Debemos defender unas elecciones libres e imparciales, que son el pilar de la democracia. Lo repetiré a todo el mundo hasta el último momento de la campaña”. Tanto el jefe del Gobierno como sus ministros han cancelado sus actos electorales previstos para este viernes; en su lugar, han mantenido una reunión para analizar los hechos.

El sentimiento de incredulidad también se ha extendido entre la ciudadanía ante un suceso que hasta ahora consideraban que no podía ocurrir en su país. Que los tiroteos y las muertes a balazos eran cosa de Estados Unidos. “Es una locura que Japón se vea afectado de este modo, especialmente que afecte a una de las personas más influyentes del país”, ha declarado al periódico Japan Times Kensaku Kimura, un oficinista en Tokio.

Pese a haberse retirado formalmente, Abe, heredero de una familia de rancio abolengo político, mantenía aún una inmensa influencia en la política japonesa, dominada por el PLD, al frente del país durante la mayor parte de la era de la posguerra. Tras abandonar el Gobierno fue sustituido por su portavoz y secretario de Gabinete Yoshihide Suga, que a su vez renunció el año pasado y fue reemplazado por Kishida.

Antiguo protegido de Abe, para Kishida las elecciones al Senado se configuraban como una oportunidad para demostrar su control del PLD y emerger de la sombra de su predecesor. El actual primer ministro, que se encontraba a su vez de gira electoral, ha cancelado sus actos previstos para este viernes y ha regresado a Tokio.

Durante sus ocho años de mandato —su segundo como primer ministro, tras un breve mandato de un año comenzado en 2006—, Abe trató de impulsar la economía nipona, estancada desde los años noventa, con una receta apodada informalmente Abenomics y basada en el gasto fiscal y una política monetaria relajada.

Considerado un halcón en política exterior, el ex primer ministro impulsó el gasto en defensa y en 2014 su Gobierno aprobó una reinterpretación de la Constitución pacifista de la posguerra para permitir que las tropas niponas puedan combatir fuera de su territorio nacional, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Fue uno de los grandes promotores de la candidatura de Tokio para los Juegos Olímpicos de 2020. Su sueño de presidir las celebraciones se vio frustrado por el estallido de la pandemia de la covid, que obligó a aplazar un año el evento deportivo.

En una de las primeras reacciones tras conocerse el ataque, el embajador estadounidense en Tokio, Rahm Emanuel, se había declarado en un tuit “entristecido y conmocionado por los disparos contra el ex primer ministro Shinzo Abe”. “Abe-san ha sido un líder sobresaliente de Japón y un aliado inquebrantable de Estados Unidos. El Gobierno de EE UU y el pueblo estadounidense rezan por el bienestar de Abe-san, su familia y el pueblo japonés”, ha señalado.

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